Invulnerables

Invulnerables

Esto nunca va a cambiar, y lo saben. Por eso se aprovechan y se ríen en nuestra puta cara de nuestra puta suerte.
Mientras tanto, atónitos, observamos cómo las armas más valiosas con que hasta hace poco contábamos:
La Difusión de noticias… la crítica voraz, veraz y contumaz de lo que ocurre… el no callarnos ni una… el poner nombre a lo que somos y hacemos… las pruebas cotejadas, reguladas, contundentes, amparadas por la ley y capaces por sí solas de echar abajo cualquier entramado de corrupción y que haría temblar al más pintado por el castigo que conllevan, (al menos eso es lo que creíamos) etc. etc., etc. se van convirtiendo en agua de borrajas.

De todo. Se están apoderando de todo. Y absolutamente todo se lo pasan por los “cohone”. Lo que hasta hace poco parecía impensable que ocurriera está ocurriendo. Lo que creíamos injusticias de tiempos pasados vuelven pisando fuerte. Lo obsoleto, arcaico, deleznable, ruin, injusto y miserable renace de las cenizas como si del ave Fénix se tratara.
Ni la más mínima decencia ni el más mínimo pudor les acompañan.
Han descubierto que si callan, esperan, miran para otro lado, ponen cara de imbéciles, ríen como hienas, eluden respuestas, se cagan en nuestras ilusiones, en nuestras familias, en nuestro futuro, en nuestros muertos, en nuestros sueños, en nuestras enfermedades, en nuestra cultura, en nuestra desesperanza… en lo que les den la real gana… ellos van a seguir ahí. Y lo más triste es que van a seguir estando AHÍ porque nosotros no somos capaces de no seguir estando AQUÍ. Vamos a continuar aguantando lo que nos echen y no porque seamos masoquistas sino porque ya hemos casi agotado (el poner “casi” me deja la esperanza de que aún quede algo por hacer) todo aquello que creíamos eficaz para luchar contra esta panda de sinvergüenzas: manifestaciones, nuevos movimientos, las redes sociales, las urnas, las denuncias… etc., etc.
Todo eso que en su momento llegamos a pensar y a creer que eran bazas eficaces para combatir a esta panda de canallas, hoy, desgraciadamente se ha convertido en barro, en materia dúctil y maleable, y por lo tanto en frágil “sombrilla” de juguete ante un solano de desierto con viento huracanado a 50 grados a la sombra.
Conclusión: Nos quemamos, nos abrasamos, nos achicharramos… y encima, de la sombrillita no queda ni el mango.
Pero aquí estamos… y ahí llegaremos.
De pronto me he acordado de las cucarachas y de cómo se acostumbran al insecticida que en vano intenta eliminarlas. La mortal composición de los productos se vuelve ineficaz ante la dureza y naturaleza de estos ortópteros de metamorfosis aparentemente sencilla.
Acabar con esta plaga, exterminarla y erradicarla de la faz de la tierra no parece tarea fácil.
Dicen que no hay que relajarse, que hay que fumigar antes incluso de que aparezcan, antes de verlas siquiera. Si te confías porque no te tropiezas con ninguna, de pronto aparecen y te invaden. También dicen que fumigando zonas pequeñas y con asiduidad terminan por desaparecer del entorno en el que habitan y habitas, o al menos no se atreven a salir, o salen menos que ya es mucho.
No deberían confiar tanto en su suerte. Ni tentarla tampoco. Y menos ahora que se aproxima una avalancha de ofertas en Insecticidas.
Yo por si acaso voy a por un par de botes.

Mercedes León.

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  • @MerlegaLG
    Actriz,Directora y Autora Teatral.
    • RT @venenolaserie: Llega el capítulo final de la serie que lo ha cambiado todo. Este sábado a las 12 de la noche solo en… https://t.co/k9mSnqHvlF
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