Teatro escolar en barriadas marginales

Teatro escolar en barriadas marginales

El Área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Málaga, en colaboración con la Federación de A.P.A. (Asociación de padres de alumnos.) Hoy denominada A.M.P.A.(Asociación de madres y padres de alumnos) promovió hace años una campaña de Teatro Escolar, abarcando de veinte a treinta Colegios. Se trataba de acercar a través del teatro, distintas problemáticas presentes en la sociedad, para que el niño de alguna manera tome conciencia de la realidad que lo envuelve.

Los temas sobre los que se realizarían los talleres eran estos: «La Inmigración», «Distintos modos de comportarse la sociedad ante los Indigentes», «Los Ancianos», «La Droga», «Los Comedores Sociales», «El Racismo», y cualquier otro que surgiese, siempre que no se alejase de la problemática social.

Una vez repartidos los colegios, comenzaban los talleres en horario extraescolar. El fin de los talleres era el montaje de una obra de teatro cuyo argumento debía tratar sobre el tema elegido. Se establecía una fecha para la «Semifinal», en la cual, durante una semana se mostraban los trabajos realizados por los distintos colegios, eligiendo sólo a diez, que serían los que pasarían a la final. Ya en la Final, esos diez colegios volvían a representar sus obras con el fin de lograr algunos de los  Premios a los que se optaban, catalogados por orden de importancia del 1 al 3.

Esto es a grandes rasgos lo que de alguna manera se pretendía llevar a cabo con la Campaña Teatral.

Llevo dando clases de teatro en centros escolares desde hace muchos años. Alguna que otra vez, he tenido colegios que rozaban la marginalidad, siempre nos solemos encontrar dentro de estos colegios a un numeroso grupo de niños cuya economía familiar suele estar muy por debajo de la Media, y a veces ni eso. El paro, la dejadez y abandono del barrio, las precarias viviendas, la nula o poca actividad cultural, etc. etc., son motivos suficientes para encontrarte a veces con situaciones difíciles de sortear.

He de decir que siempre he dado clases en colegios de los que denominamos más o menos «normales», ubicados casi todos en barrios obreros, y algunos con las características mencionadas anteriormente.

Si voy a resumir muy brevemente mi experiencia en uno de esos colegios de barriadas marginales, no es precisamente porque sea una experta en dicho tema, ni porque lleve años trabajando en barriadas con esta connotación específica. Nunca antes lo había hecho. Pero dentro de la campaña de teatro promovida por el Ayuntamiento, al segundo año de su realización, contaron con un colegio al que la palabra «Marginación» le viene corta. Y yo fui la encargada de desarrollar el taller teatral en ese colegio.

El colegio en cuestión, está ubicado en una zona periférica de la ciudad. En el interior de un Poblado gitano al que se le conoce con el nombre de «Los Asperones», y al colegio con el de «María de la O».

Este Poblado, limita con ciertos lugares que de alguna manera potencian aún más su marginalidad. Por un lado está el cementerio. Por otro la Perrera Municipal-famosa a nivel nacional por estar continuamente sometida a asaltos, robos, destrozos y matanza de perros. Las condiciones higiénicas son nulas, y el abandono por parte de las instituciones es total y absoluto-. También está rodeado este singular poblado por el vertedero Municipal de Basuras, ni que decir tiene que el mal olor de la zona es continuo, a veces se acrecienta haciéndose insoportable y no puedes evitar que te den arcadas.

Si coges un taxi para ir hasta allí, llegarás según el taxista que te haya tocado en suerte. Pocos son los que están dispuestos a entrar en esa zona, y si lo hacen, te dejan a la entrada.

Cuando atraviesas los Asperones, te encuentras al final del todo con el colegio María de la O. Todas las ventanas tienen rejas, y la puerta central, una cancela de hierro está continuamente cerrada y protegida por una cadena y un candado.

Cuando doy las clases también me dicen que cierre con llaves la puerta que da al patio. Al poco, comprendo estas medidas, cuando sin salir de mi asombro observo cómo un grupo de profesores agobiados y profundamente preocupados, corren tras algunos alumnos que aprovechando el descuido de alguien intentan escapar del colegio.

Desde el primer día de taller me doy cuenta de que tengo que cambiar muchos de los esquemas que antes me servían para dar clases. Así cómo cambiar unas palabras por otras para que el entendimiento resultara fácil, o bien «machacar» muchas veces palabras nuevas, jugar con ellas, para intentar que le llegasen a sonar y les resultaran familiares, con el fin de que las incorporaran a su vocabulario.

¿Qué hacía yo allí? ¿Tenía sentido? ¿Qué se pretendía con todo esto del teatro? He de decir, que de alguna manera yo era una especie de intrusa que iba a dar teatro una o dos veces por semana. Los que realmente lo tenían difícil eran los profesores que daban clase a diario y durante todo el curso, teniendo que soportar en muchas ocasiones situaciones verdaderamente delicadas.

Me va a resultar muy complicado tratar este tema y dejar a un lado otros que forzosamente tendrían que salir, pero como de lo que se trata es de comentar mi experiencia en este apartado, voy a intentar plasmar escuetamente algunas observaciones al respecto.
*) Me era muy difícil llevar a cabo cualquier plan de trabajo con ellos, ya que la dinámica del grupo variaba constantemente y por distintos motivos:

-Tenía que suspender el taller ya que de pronto faltaban todos al colegio.

-A veces me encontraba con el Centro cerrado y vacío porque la noche anterior habían robado y destrozado el interior.
*) Cuando creía que todos estaban contentos con su función y papel asignado en el taller, de repente, por una disputa entre ellos ya no querían hacerlo. No había manera de convencerlos. Y otra vez vuelta a empezar.
*) Casi siempre faltaba alguien. Las justificaciones por enfermedad eran las menos. Las razones que justificaban las faltas solían ser aplastantes:

– La policía había detenido a la madre o al padre del alumno, y éste se tenía que quedar cuidando a los hermanos.

– O bien: el alumno se encontraba en otra ciudad, porque sus padres en esa época se dedican a la venta de objetos en los Mercadillos de Granada.

– También estaba el factor «Sueño», uno se llegó a disculpar por faltar precisamente el día de una representación, diciendo que no pudo levantarse a causa del sueño, ya que había estado despierto hasta las cuatro de la madrugada, viendo la televisión y películas de videos.

– Y otro alumno, precisamente uno de los más involucrados en el taller, de los que más ahínco e ilusión ponía en todo lo que hacía, un manojo de nervios, siempre sonriente, cariñoso y cantando a todas horas del día, dejó el taller y hasta el barrio porque lo metieron en un correccional.

A pesar de estas vicisitudes y de otras muchas, logramos que el taller continuara, Montamos una obra y el tema que tratamos en ella fue el de la droga.

Más adelante, en junio de 1998, con motivo del Día Internacional contra la droga, y aprovechando la firma de ocho nuevos convenios por parte del Ayuntamiento con Asociaciones que trabajan en este campo, el Colegio María de la O, concretamente los alumnos del taller, fueron requeridos por el Ayuntamiento para representar en el Salón de los Espejos y en presencia de la alcaldesa la obra «Se Acabó», ya que en ella se abordaba el problema de la droga en zonas marginales.

Hasta ahí todo bien, perfecto, hay un protagonismo momentáneo, mediático, y ves un poco de luz, pero no puedo dejar de reflexionar y preguntarme muchas cosas, y llego a la conclusión de que difícilmente se puede conseguir la integración social de cualquier colectivo marginal, si se les aparta del entorno social, y sólo de tarde en tarde con motivo de algún acto puntual, y casi siempre cuando conviene quedar bien de cara al mismo, es cuando se suele abrir el grifo del goteo oportunista.

Y aún hoy, diecisiete años después, me pregunto si tiene sentido repartir la guinda y que otros se coman el pastel, o poner ilusión y crear expectativas –falsas por supuesto- para que luego, irremediablemente todo quede en NADA.

 

 Mercedes León

 

Acabo de recordar que el día de la actuación en el Ayuntamiento, le regalaron a cada niño una cometa. Aún recuerdo sus caras llenas de sorpresa, sus pupilas dilatadas apretando el objeto con fuerza-no se les fuera a escapar- su desilusión al contemplar que por mucho que lo intentaban… las cometas no se alzaban, los hilos se partían, las varillas se despegaban. Nadie antes les dijo  que hacía falta viento para izarlas, nadie explicó su funcionamiento.

Conforme iban entrando en la furgoneta que los llevaría a su barrio, entre abrazos, despedidas y alguna lágrima… tropecé con una de ellas que tirada y rota descansaba en el suelo. No puede evitarlo. Me sentí mal… y la metáfora vino sola. Las cometas se me antojaron sueños.

M.L.

 

*Este artículo fue escrito hace años con motivo de un encuentro en Andalucía donde se iban a compartir experiencias de estas características entre docentes, y profesionales de las Artes Escénicas. Las descripciones que se hacen aluden a cómo estaban conformados los lugares que se mencionan por esas fechas.

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  • @MerlegaLG
    Actriz,Directora y Autora Teatral.
    • RT @venenolaserie: Llega el capítulo final de la serie que lo ha cambiado todo. Este sábado a las 12 de la noche solo en… https://t.co/k9mSnqHvlF
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